Emilio Espada, cicerone durante 30 años en el Casino de Alicante

El Real Liceo ha curado su elitismo y se ha trasformado en un centro más abierto donde la mujer cobra protagonismo

 

Alfredo Fernández

 

El Real Liceo Casino de Alicante ha sido y sigue siendo la postal de color de la ciudad no sólo por su enclave, en plena Explanada y con su balconada al mar, sino también por su planteamiento como centro de expresión cultural y lugar de celebración de los acontecimientos más sobresalientes del pasado siglo y del recién comenzado. Emilio Espada, jefe de personal del Casino, ha dejado este mes su actividad en la casa por llegarle la edad de jubilación tras entrar como botones en 1966 e interpretar desde hace 30 años el oficio de tener contentos a socios, visitantes, personal de trabajo y a los 11 directores con los que ha convivido. El pintor Gastón Castelló, socio del Casino y del que son los cuadros de flores del Salón Blanco, retrató al bueno y prudente Emilio Espada, un reconocido profesional de la hostelería al modo de Perico Chicote en el Madrid de los sesenta y en tiempos en los que el marketing no era carrera sino un don escaso que muy pocos llevan en las venas.


Así nos resume este último medio siglo de trabajo Emilio Espada: "el Casino ha sido un referente de toda la vida alicantina y siempre ha tenido un carácter apolítico porque nunca se ha puesto coto en función de las ideologías. En el régimen de Franco venían los dirigentes del momento y en la democracia, los políticos elegidos por los ciudadanos y a todos se les ha tratado igual, fueran de izquierdas o derechas. Por eso, se han dado conferencias lo mismo para los señores que pertenecían a la izquierda como a la derecha sin ponerles ninguna tapadera o freno".

El Casino ha tenido históricamente en las ciudades ese saloncillo a clase pudiente pero en el caso de Alicante ha ido abriéndose a la ciudadanía. "En Alicante las mujeres no podían entrar hasta después de las seis de la tarde y, si fallecía el esposo, ellas ya no podían entrar y tenían que dejar sus tertulias y sus actividades, pero hace 30 años se rebelaron". Margarita de Borja, la de la cerámicas Borja, "una mujer muy influyente, logró que autorizaran que las mujeres fueran socias y poco a poco las normas fueron evolucionando".

Hubo tiempos elitistas al modo de las logias y si un miembro, de los diez que formaban la junta directiva, echaba la bola negra se rechazaba la entrada de un socio. Esos tiempos han pasado a mejor vida, lo mismo que la obligatoriedad de llevar chaqueta y corbata, tanto en invierno como en verano.

"Hubo un campeonato nacional de billar de tres bandas en el que participó Domingo, el popular maestro de esa época y tuve que estar a la puerta de San Fernando con dos guardias civiles para que no entrase nadie sin corbata y chaqueta. Aquello era una cosa por demás", nos anota Espada. En sus mejores tiempos, la institución llegó a contar con 1.500 socios porque cualquier alicantino que se preciase debía formar parte de esta familia y dejarse ver en sus salones.

El Casino ahora no tiene nada que ver con aquello. Sin embargo al faltar esa gente de hace décadas que jugaban en sus salones a los populares cinquillo, dominó o ajedrez, como podían hacer en sus propias casas, no ha entrado sabia nueva. "Ahora se está dando todas las facilidades a las nuevas generaciones para que se integren porque aunque lo piensen esto no es un coto cerrado. Hoy viene alguien, formaliza la inscripción y ya es socio o, mejor, viene la señora y es socia y su esposo, consorte, al contrario de lo que existió en sus inicios. Incluso esta señora puede ser la presidenta", apunta el que hasta ayer ha sido la cara amable y alma del centro.

CONFERENCIAS Y EXPOSICIONES

Hoy el Casino tiene unas buenas instalaciones, salones y cafetería, y todo está porque la gente quiera venir. Espada nos recuerda que "en aquellos años de bonanza en Alicante sólo existían tres centros sociales: el Casino, el Club de Regatas y Montemar. El Casino siempre ha contado con sala de conferencias y exposiciones. Yo entré siendo presidente Antonio Ramos Carratalá y durante todos estos años he realizado mi trabajo junto a otros diez presidentes: Miguel Navarro Rocamora, Antonio Vázquez Sánchez, Ricardo Ferré Alemán, José Sirvent Llorens, Fernando Suárez López, Juan Carlos Tur Ayela, Juan Carlos Vázquez Picó, Manuel Rodríguez-Murcia Ruiz, Antonio Marqueríe Tamayo y Ramón Campos Campos. Ahora tenemos un gran presidente, Ramón Campos, que está sacando el Casino adelante, aunque hace falta más ayuda de las instituciones (Ayuntamiento, Diputación o Generalitat) por los gastos de mantenimiento que tiene un centro como este. Desde el primer día procuré aprender de todos y cada uno de ellos y les doy las gracias por el trato recibido".

En el anecdotario de sus jefes, recuerda a Ayela como el presidente del orden. "Era un hombre que todos los días me hacia recorrer de arriba a abajo todo los locales y cuando faltaba un tornillo me ponía verde". A la vez, reconoce como maestro a Luis Sánchez Torres, "que me enseñó mucho de lo que sé".

El Salón Imperio es al Casino como el Salón de los Espejos es a Versalles. Por eso, ha sido hasta hace unos años el marco de entrega de los "Importantes" del diario Información y lugar de proclamación de la Bellea del Foc, junto a los grandes eventos de la ciudad. Aquí,en este centro de la Explanada, metió Punset a más de 400 personas en su conferencia e impartieron sus charlas profesionales de todo tipo, como los periodistas José María García o Jesús Hermida, o actores como Francisco Valladares recitando textos poéticos. En los tiempos más recientes, también se han dado cita todos los equipos directivos y de actores de la Ciudad de la Luz. En su faceta más social, aquí se siguen reuniendo los miembros de Nuevo Futuro.

LA FAMILIA REAL

El acto cumbre por asistencia fue la visita del Rey con toda la familia real con motivo de la llegada a Alicante de las tres corbetas Descubierta, con más de mil visitantes y donde el monarca saludó uno a uno a todos. También se recuerda la visita por separado del Prínicipe Felipe que, tras recorrer las instalaciones y saludar a todas las autoridades, se tomó un refresco.

Muchos personajes nacionales han visitado este real sitio pero a Espada le impresionó por su agilidad mental con los números Ruiz Mateos en los días que dirigía el gran imperio de Rumasa y "que no tiene nada que ver con la imagen con la que ahora aparece en las televisiones. Me quedé impresionado por las cifras de millones que manejaba frente a sus secretarios y equipo empresarial".

"Yo he dedicado toda mi vida al Casino sin mirar las horas y, a veces, me he tenido que quedar a dormir por cuestión de trabajo. Para mí ha sido siempre mi empresa y no el lugar de trabajo porque cuanto más prospere mejor me irá a mí". Entró de botones hace 47 años y se jubila aquí mismo, una rareza en los tiempos que corren.

Emilio Espada se va con pena, por toda una vida en este lugar y el deber cumplido, pero igualmente tranquilo porque su cometido queda en buenas manos, las de María Luisa Loba Palazón. Me despido de Emilio Espada a la entrada de la Explanada y a la memoria me vienen las palabras del castizo político madrileño de principios de siglo Sánchez Mazas: "las tabernas son salas de estar, salas de estar de por vida". La diferencia con esos lugares de recreo radica en que el Real Liceo alicantino, pese a sus dificultades económicas, sigue siendo el blasón de la ciudad y del puerto, mientras a sus espaldas el casco histórico agoniza por el abandono.