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Algunos remedios contra el “exceso de baba” en el periodismo político

xv laboratorio de periodismo de la apm foto elena hidalgo

El Laboratorio de Periodismo de la APM propuso la ética, la honestidad, el alejamiento de las fuentes, una cura de humildad, menos periodismo declarativo y recuperar el dominio de la agenda informativa como receta para no sucumbir a las imposiciones del poder político.

Noticia elaborada por la APM

“Exceso de baba”, con esa expresión tan gráfica describió la cronista política Esther Palomera el trato que reciben los políticos por parte de algunos medios de comunicación, lo que “no ayuda a recuperar la credibilidad del periodismo”, dijo durante el decimoquinto Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), celebrado el 26 de junio en la sede de la APM y que en esta ocasión trató sobre el periodismo político.

Palomera presentó un dibujo pesimista del estado de la profesión periodística, que “ha ido encaminándose hacia un periodismo bastante dócil”, y consideró que el miedo al despido, acrecentado por la crisis del sector, está actuando como atenuante de ello. Afirmó que se acallan a menudo determinadas informaciones y “quién no lo hace paga un alto precio”. El periodismo está siendo “duramente agredido” por el poder político, el cual “no está dispuesto a pagar el precio de un periodismo libre. Un poder que cada vez sostiene más el lema ‘Estás conmigo o estás contra mí’”.

Aunque la cronista política de El Huffington Post, COPE, laSexta y Telecinco no se resigna y dejó abierta una puerta a la esperanza de la recuperación de la esencia de la profesión, porque “hay muchísima gente en todas las redacciones que no está dispuesta a que se mate la ética del periodismo, son legión los colegas que no quieren callar ni fingir normalidad ante los atropellos del poder político”.

Pese a que “los políticos han ganado la partida y están dominando la agenda”, Fernando González Urbaneja, expresidente de la APM, prosiguió por la senda del optimismo de cara al futuro, en el que surgirán oportunidades y habrá demanda de información no contaminada, “por lo que terminará habiendo oferta, que probablemente vendrá de los nuevos medios”. “Creo que estamos en vísperas de recuperación, en una situación mala pero con muchas posibilidades de revertirla”, vaticinó.

Como receta para llegar a ese futuro, González Urbaneja propuso que los periodistas de base –que “no deben supeditarse a la línea editorial” del medio, “y el director que defienda esto es un cretino”– recuperen la agenda informativa y se alejen de los partidos y de las fuentes, que “cada vez más tienden a ser charcos”. Abogó por superar la idea de que los políticos deben tener siempre un espacio informativo en los medios y por denegarles su capacidad actual para imponer protagonistas. Y por último, recomendó acabar con el periodismo declarativo: “Solo si dicen machadas” convendría titular con declaraciones, “pero construir un relato informativo solamente con machadas produce extravagancias”.

La casta periodística
A la pregunta de la moderadora del debate, la directiva de la APM Lucía Méndez, de si los periodistas españoles forman parte de la casta, Jesús Maraña, director editorial de Infolibre.es, contestó que cree que existen unas élites periodísticas, pese a que no le gusta el término “por lo que tiene de generalizador”. Unas élites “que no se han enterado de que los púlpitos se han acabado, que ahora tiene que haber un diálogo, una consistencia informativa y, sobre todo, una honestidad en el punto de vista con el que se da una información”.

Según Maraña, el mejor periodismo es el que “consigue enfadar” a los políticos de uno y otro bando, especialmente al de los partidos cercanos a la línea editorial del medio. “No estamos para hacer la ola a nadie, se han acostumbrado mal”, aseveró. En su opinión, no existe la objetividad, pero sí la honestidad, la transparencia y es factible la independencia. “Con los políticos nos hemos sumado a la derrota. El descrédito del periodismo en general y político en particular –añadió– ha ido en paralelo al desgaste de los políticos”.

Honestidad, transparencia y mucha humildad para reconocer los errores en las informaciones, que ahora pasan el examen inmediato de una audiencia con capacidad para rectificarlas al instante. “A la gente nunca se la ha podido engañar, pero ahora muchísimo menos; los medios necesitamos una cura de humildad y muchas dosis de realismo”. “Cualquier lector distingue cuándo los buenos periodistas cuentan una historia y, en cambio, cómo la empresa da una visión distinta de ese buen periodismo en la portada y en los editoriales”, explicó.

Estamos estrenando lenguajes”, aclaró Enric Juliana, director adjunto de “La Vanguardia”, refiriéndose a la casta, y “el que se apodera del lenguaje es el que gana la partida”, atinó a rematar. Este periodista recordó con ejemplos que las relaciones entre el periodismo y los políticos y el poder siempre han sido intrincadas. Se quejó también del “exceso de adulación” a los políticos. A su juicio, “la contigüidad de los periodistas con las fuentes periodísticas es necesaria pero peligrosa, porque se pueden llegar a establecer lazos de cercanía. Soy partidario de las medias distancias. El exceso de contigüidad, en un momento o en otro, terminará acabando mal”, aseguró.

Emulación de formatos del periodismo deportivo
Asimismo, varios de los participantes en el Laboratorio de la APM alertaron de la inconveniencia de que los espacios políticos en televisión –fundamentalmente, debates y tertulias– imiten algunas características del formato de los espacios deportivos. “El político es periodismo prescriptor de otros muchos periodismos. Si el periodismo político se avería, todos los demás van a tener averías parecidas”, concluyó González Urbaneja.